Películas participantes en la Sección Oficial:
Selección oficial
En 2018, Cines del Sur bajó el telón después de una undécima edición tan esperanzadora como insuficiente para sostener un certamen destinado a convertirse en uno de los grandes faros del cine internacional. Desde su creación en 2006 —con una primera edición celebrada en 2007—, el Festival nació con una vocación precisa y necesaria: aprender a mirar al otro. Entender la diferencia no como una frontera, sino como un espejo en el que reconocernos.
Películas llegadas desde distintas latitudes y continentes convivían bajo una palabra cargada de simbolismo: sur. Un término que los mapas sitúan abajo, aunque en él habiten algunas de las miradas más luminosas, libres y urgentes del cine contemporáneo. Latinoamérica, Asia, África y el mundo árabe encontraron en Granada un espacio desde el que proyectar historias demasiado tiempo relegadas a los márgenes. Cines del Sur se convirtió así en una ventana abierta a otras culturas, pero también en un lugar desde el que dar luz a conflictos, heridas y esperanzas compartidas.
En un presente marcado por una crisis medioambiental que ya no distingue entre norte y sur, la elección de la película mexicana La reserva, de Pablo Pérez Lombardini, se impuso de manera unánime. La cinta nos traslada a una pequeña comunidad cafetera cuya supervivencia se ve amenazada cuando varias corporaciones comienzan a devastar la reserva natural en la que viven. Rodada en un austero y bellísimo blanco y negro, cada plano parece resistirse al avance de la destrucción, como si fuera el último árbol en pie antes de la tala definitiva.
Hay historias que necesitan ser contadas una y otra vez para que las nuevas generaciones comprendan el precio de la libertad y el peligro del olvido. La directora brasileña Flávia Castro conoce bien ese territorio: el exilio atravesó su infancia y terminó convirtiéndose en el centro emocional de su cine. De esa memoria herida nace As Vitrines, una película que nos sitúa en el interior del golpe militar de 1973 encabezado por Augusto Pinochet. Mientras cientos de militantes de la izquierda latinoamericana buscan refugio en la embajada argentina, al otro lado de las ventanas la ciudad se desangra entre disparos y persecuciones. Dentro, suspendidos entre el miedo y la esperanza, sobreviven soñando con una libertad que parece no llegar nunca.
Regresando al presente, tampoco quisimos ignorar los ecos de la guerra de Ucrania que resuenan en Early Winter, del director turco Özcan Alper. Esta road movie acompaña a Ferhat, recién convertido en padre, y a Lila, una mujer sin recursos que ha trabajado como madre de alquiler. A lo largo del viaje, la película explora los vínculos biológicos, las fracturas sociales y los rincones más vulnerables del alma humana, obligando a sus protagonistas a enfrentarse a decisiones susceptibles de cambiar para siempre el rumbo de sus vidas.
Elegante y envuelta en una fotografía de tonos sepia atravesados por destellos de naranja oxidado, Exile, segunda película del tunecino Mehdi Hmili, convierte el dolor en motor narrativo. Tras perder a su mejor amigo en un accidente laboral, Mohamed inicia un camino de venganza que pronto deja de ser íntimo para transformarse en una lucha contra un sistema que lo empuja constantemente hacia el abismo.
Por su parte, The Sun Rises on Us All, del director chino Cai Shangjun, reflexiona sobre el sacrificio, la culpa y los límites morales del amor: él asumió la responsabilidad de un crimen que no había cometido para protegerla. Ella, incapaz de soportar el peso de ese gesto, decidió marcharse y comenzar una nueva vida lejos de todo lo que compartían. Pero los años no consiguen borrar ciertas cicatrices, y el destino termina cruzando de nuevo sus caminos, como si algunas deudas emocionales jamás terminaran de saldarse.
Cines del Sur regresa en 2026 con una doble propuesta que reivindica tanto la valentía de crear desde la precariedad como la dificultad de ser uno mismo en sociedades cada vez más competitivas y excluyentes. Por un lado, Crocodile, coproducción entre Nigeria y Nueva Zelanda dirigida por Pietra Brettkelly, retrata a un grupo de jóvenes nigerianos que, armados únicamente con imaginación y recursos mínimos, levantan universos de ciencia ficción hechos a mano. Cine construido con chatarra, ingenio y sueños: pequeñas galaxias nacidas en los márgenes.
Por otro lado, Funky Freaky Freaks, del coreano Han Chang-lok, nos traslada a una ciudad detenida en el tiempo, donde la renovación urbana parece haberse oxidado antes siquiera de comenzar. Allí, tres amigos del instituto conviven con obsesiones y frustraciones que deforman lentamente su manera de mirar el mundo, mientras intentan sobrevivir al peso de una sociedad que convierte la diferencia en motivo de exclusión y violencia.
Un regreso del Festival marcado por la heterogeneidad y la fuerza de una cinematografía —la del Sur— que sigue irrumpiendo como una brisa marina en mitad de un océano de arena.